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28 ago 2008

La cara más hermosa


Después de media hora
comencé a sentir frío.
No dejaba de llover,
y aquel viento soplaba
cada vez más fuerte,
moviendo furioso
las ramas de los árboles.
El suelo
era una alfombra de hojas
ahogadas en lluvia,
de una gama infinita
de rojos, amarillos
y marrones.
Era un típico paisaje de otoño
en un día lluvioso.
-
Me detuve unos instantes
bajo uno de los centenarios
árboles del parque,
pero sus ramas desnudas
apenas podían protegerme
del aguacero.
Justo delante de mí,
al otro lado del camino,
había una vieja caseta
que utilizaban los jardineros
para guardar sus herramientas,
y sobre la puerta de entrada
sobresalía un pequeño tejadillo
de uralita, y allí me refugié.
-
Miraba a ambos lados del camino
buscando un mejor lugar,
pero la lluvia era tan intensa
que no tenía más de 10 ó 12
metros de visibilidad,
así que decidí esperar
en aquella caseta
hasta que dejara de llover.
-
Era domingo, y apenas
eran las 5 de la tarde.
Nadie me esperaba en casa,
y tampoco tenía planes
con la pandilla,
como de costumbre.
Aquel día amanecí
un poco triste, nostálgico,
y no me apetecía quedar con nadie
a pesar de los mensajes
de una de las chicas
en mi teléfono.
-
Había pasado casi una hora,
cuando sentí que alguien
se acercaba caminando
bajo la lluvia, que no cesaba.
Fijé la vista en el camino
y pude adivinar una ténue silueta
que avanzaba lenta,
con la cabeza inclinada hacia abajo
mirando al suelo.
Me puse nervioso al principio,
no por miedo, sino porque,
sin duda, a aquella persona
le pasaba algo.
Era alguien que estaba muy triste, parecía,
que caminaba sin rumbo,
sin importarle nada,
ni la lluvia que lo empapaba,
ni el mundo, que lo ignoraba.
-
Estaba a pocos metros de mí,
pero no alcanzaba a ver su rostro.
Llevaba puesto uno de esos chubasqueros
de plástico rojo con capucha,
como los que utilizan los deportistas
para correr.
Cuando estuvo a mi altura
le advertí sobre la lluvia,
ofreciéndole un espacio bajo aquel
no muy grande
tejadillo de la caseta.
-
Fue entonces,
cuando se detuvo y me miró,
que pude ver su rostro
por primera vez.
Fue una imagen que jamás olvidaré,
y que recuerdo siempre que vuelvo
a pasear por aquel parque.
Tan sólo la ví unos segundos
porque no quiso detenerse.
Tras mirarme,
decidió seguir caminando
en solitario paseo, y se fue
del mismo modo que llegó,
perdiéndose lentamente
en la lluvia su silueta.
-
Era la cara más hermosa
que jamás había visto,
tan hermosa como llena de dolor
y tristeza.
En aquel momento
sentí ganas de preguntarle
qué le sucedía, de abrazarla,
si me hubiera dejado.
-
Tenía sólo 20 años,
según decían los diarios
al día siguiente
en la página de sucesos.
La muchacha se suicidó
aquella misma tarde,
lanzándose al río
que atraviesa el parque,
desde un puente de madera
que estaba a pocos metros
de aquella caseta,
segundos después de verla
por primera y última vez.

24/08/2008

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Don pelus regreso su poesia eso esta muy bien, es que esos pps de chicos semiencuerados no me encantan lo siento
siga escribiendo !!

Anónimo dijo...

Moura,,,,y a mi tampoco me gusto del todo aquel pp....pero, ¿Ya viste el pp "Un ser egoista"?...uno de los mejores de nuestro amigo Peke......a quien le digo que esta poesía me impregnó en la mente el paisaje, esa lluvia, las hojas y el segundo gélido y milagroso de ver un rostro inolvidable. ME GUSTÓ LA NARRATIVA!!!!

unpokopeke (javier) dijo...

Se agradece muchuchas, en serio. Alguien me ha preguntado si esta historia es real, y la respuesta es...